Queridos compañeros:
Os saludo con ternura al terminar el año, habitado por un sincero deseo de bien para todos los trabajadores de la Fundación Camilo de Lellis. En el mes de diciembre, los camilos tenemos la tradición de recordar el día del nacimiento de la Orden, el día 8, fiesta de la Inmaculada, que fue cuando Camilo y sus primeros compañeros hicieron la primera profesión en 1591. Así, nos vinculamos de manera particular a María, imagen femenina evocadora de ternura y de cuidado solícito.
La ternura es el otro extremo de la violencia (en actos, gestos, dinámicas relacionales, palabras). La ternura es al cuidado como el zumo de piña es a la piña: su esencia, su identidad. Cuidar con ternura es un deber ético como seres humanos, pero también una acción bella que compensa, pues nos retorna la llamada “satisfacción por compasión”. Siendo siempre bidireccional, la ternura nos devuelve el bienestar de recibirla al darla.
Estas palabras me retornan a mí mismo, que no puedo decíroslas nada más que con ternura. Celebro que nos mantengamos siempre en esa sana tensión que nos lleva a buscar el modo excelente de cuidar, “como lo haría una tierna madre para con su único hijo enfermo”, en palabras camilianas.
Un tierno abrazo.
José Carlos Bermejo
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