Entrevista con Rosa Ruiz sobre cuerpo, sentido y espiritualidad

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Entrevista con Rosa Ruiz sobre cuerpo, sentido y espiritualidad

Tras su ponencia sobre la relación entre corporeidad, espiritualidad y envejecimiento, en el Encuentro de Superioras de la Fundación Camilo de Lellis, conversamos con Rosa Ruiz Aragoneses, miembro del Servicio de Atención Espiritual del Centro San Camilo y directora de la Revista Humanizar. Una entrevista que invita a repensar la vejez desde una mirada integral, donde el cuerpo, el sentido y la espiritualidad se viven como dimensiones inseparables. 

P: ¿Podría contarnos un poco sobre su trayectoria y qué la llevó a especializarse en la relación entre corporeidad, espiritualidad y envejecimiento?

R: Mi interés siempre ha estado en una visión integral de la persona, en el espacio común entre lo humano y lo divino o la dimensión espiritual presente en todos, que al unir la formación psicológica y la teológica, desde el inicio me llevó a la convicción de que “o coincidían” o una de las dos estaban fuera de lugar. En ese ámbito de trabajo, hace tiempo que creo que dejamos demasiado aparte nuestra corporeidad, el cuerpo como aliado de todo lo que vivimos, especialmente cuando queremos crecer de un modo saludable. Y el envejecimiento es una etapa vital más de la persona, una etapa clave.

P: ¿Cómo define la relación entre corporeidad y espiritualidad en el contexto del envejecimiento?

R: Creo que exactamente igual que en cualquier otra etapa de la vida, pero desde las claves propias de este momento vital. No hay espíritu sin carne, sin humanidad, sin cuerpo. Y prescindir de la espiritualidad, tal como cada uno la viva, también mengua nuestras capacidades y potencial.

P: ¿De qué manera cree que la espiritualidad influye en la percepción del cuerpo en las personas mayores?

R: Puede influir mucho o nada, dependerá de la profundidad con que vivamos ese “espíritu” que nos mueve a cada cual. Pero, de entrada, tiene que influir como influye en cualquier dimensión de la persona.  De una espiritualidad que no tenga en cuenta al cuerpo o que no estén en un influjo mutuo, hay que sospechar. Al menos, en la espiritualidad cristiana, la de la encarnación. Reducir la vivencia espiritual a prácticas, normas o creencias religiosas, por importantes que sean, es un error. 

P: Desde su experiencia, ¿cómo puede la integración de la espiritualidad y la corporeidad contribuir a una salud más integral en la tercera edad?

R: La espiritualidad es una dimensión de sentido, conexión y propósito en todo ser humano, ya lo vivamos desde una religión concreta o se viva sin creer en ningún dios. En la vejez, como en todo cambio vital, se atraviesa una crisis con los duelos y pérdidas que todo cambio comporta. Concretamente en este caso, una crisis de empequeñecimiento, fragilidad, invisibilidad… reducción.  Pero a la vez, una posible adquisición de otra mirada, de otra sabiduría fruto de lo vivido, de serenidad, capacidad de relativizar priorizando lo realmente importante… Una vivencia saludable de la espiritualidad puede cambiar totalmente el modo en que vivamos esta realidad y, sobre todo, el modo en que le demos un valor positivo o negativo. Lo que llamamos “edadismo” también afecta a lo espiritual. Hay un edadismo espiritual en el envejecimiento cuando consciente o inconscientemente pensamos que por ser mayores, esta dimensión quedará cubierta con  rezos o prácticas repetidas automáticamente, por ejemplo.

P:¿Qué prácticas o enfoques recomienda para promover esta integración en el cuidado de las personas mayores?

R: La consciencia y el autoconocimiento siempre son condición indispensable. Saber quién soy y cómo soy ahora. Saber dónde estoy y atreverme a nombrar lo que ocurre. Es el primer paso. Ahí está Dios también. Ocultar, pretender vivir como alguien que no somos… nunca funciona, siempre acaba generando malestar. Y, en segundo lugar, poner la intención de mi vida en algo que no sea yo misma, que no pasen mis días centrada en solo-lo-mio, lo que veo, necesito, pienso, opino… El descentramiento y la verdad son rasgos místicos, propio de los espirituales. Dios siempre abre ventanas en lo humano.

P: ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan los profesionales de la salud y el cuidado al abordar la relación entre cuerpo y espíritu en el envejecimiento?

R: Es difícil cuidar, acompañar, aquello que no detecto o reconozco. Puede pasarnos esto con la espiritualidad…

P:¿Qué oportunidades ve para fortalecer esta relación en los sistemas de atención sanitaria y social?¿Podría compartir algún ejemplo o experiencia que ilustre cómo la atención a la corporeidad y la espiritualidad puede mejorar la calidad de vida de las personas mayores?

R: ¿Es lo mismo calidad de vida que una vida de calidad? No lo sé… Sí sé que vivimos mejor cuando vivimos más libres, más conscientes, acogiendo la vida tal como viene. Eso es un criterio de salud, mucho más que la ausencia de enfermedad. La capacidad de vivir con sentido lo que nos ocurre, nos da salud, sin duda, porque nos equilibra, nos ayuda a enraizarnos en lo real y no escapar. Y el sentido es profundamente espiritual. ¿Cómo dar sentido a tantas cosas que nos pasan y que nos frustran, nos entristecen, nos hunden…., sin vivirlo como parte de lo humano, de lo falible? Integrar el cuerpo, en último término, es también respetar la realidad y no saltarla ni inventarla. Respetar los límites de la carne, no como consecuencia del mal o de nuestros errores, sino como deseo mismo de Dios, que así nos creó.

P: ¿Qué papel cree que jugará la tecnología o las nuevas metodologías en la integración de la espiritualidad y la corporeidad en el cuidado del envejecimiento?

R: No lo sé, pero sin duda mucho. Por ejemplo, que la tecnología nos permita conectar, hablar, vernos… está incidiendo en nuestros vínculos, relaciones, modos de sentirnos acompañados y pertenecientes. Corporalmente, físicamente, necesitamos esos vínculos y en ocasiones, cuando disminuye nuestra capacidad de movernos autónomamente (hacer un viaje para ver a unos amigos, por ejemplo), la tecnología puede generar una red que sin duda nos ayuda a dar sentido, a pensar en otros  y no solo en lo que me pasa a mi, etc… Por poner un ejemplo. La tecnología también es “cuerpo”, es obra de la inteligencia y la destreza humana.

P: Para concluir, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a profesionales, cuidadores y familiares sobre la importancia de abordar la corporeidad y la espiritualidad en el proceso de envejecimiento?

R: Ojalá hablemos más todos y con más normalidad de lo que nos importa, lo que nos anima (ánima es el alma, en latín), lo que nos mueve desde dentro. Y escuchar nuestro “espíritu”, esa presencia de lo divino en nosotros. Eso es espiritualidad y eso solo podemos vivirlo en la corporeidad y lo concreto de cada día o no existirá en absoluto. Y esto en cualquier edad. ¿Por qué limitar esta dimensión en la última etapa de la vida, donde todos tenemos que prepararnos para cerrar nuestra biografía, nuestra vida y nuestra esperanza si somos creyentes? Hablemos de la vida y de la muerte y hablemos desde la verdad de lo concreto. La verdadera espiritualidad es lo más contrario a estar en las nubes que conozco.

                             Aprovechamos la ocasión para agradecer sinceramente a Rosa Ruiz su tiempo y generosidad al compartir su experiencia y reflexiones con nosotros.

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