
Apuesta por la Formación continua
26 octubre, 2026Conversaciones sobre atención holística, acompañamiento y dignidad en la atención.

En esta nueva edición de La mirada del cuidado, José Javier Galiano, director general de la Fundación Camilo de Lellis, comparte una reflexión sobre el significado de dirigir una organización cuya misión es acompañar y cuidar a las personas mayores de la vida consagrada.
La atención a las congregaciones religiosas y el cuidado de religiosos mayores requieren mucho más que una respuesta asistencial. Exigen un modelo de atención integral que sitúe a la persona en el centro, respete su dignidad y tenga en cuenta sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales.
Desde esta perspectiva, la gestión de residencias para PERSONAS mayores y enfermerías para religiosos mayores implica asumir una responsabilidad que va más allá de la organización de los servicios: garantizar que cada decisión contribuya a ofrecer un cuidado profesional, cercano y profundamente humano.
Una reflexión sobre el papel de las organizaciones sociosanitarias, el compromiso con la vida consagrada y la importancia de seguir construyendo servicios para congregaciones religiosas desde los principios que dan sentido a nuestra misión.
Desde tu experiencia en la dirección de organizaciones dedicadas a la atención de las personas mayores, ¿qué has aprendido sobre la responsabilidad de dirigir una organización que cuida?
Dirigir una organización que cuida significa asumir una responsabilidad que va mucho más allá de gestionar servicios, equipos o recursos. Significa procurar que todo lo que hacemos contribuya al bienestar de las personas y sea coherente con sus valores.
Mi trayectoria profesional ha estado principalmente vinculada a entidades que acompañan a personas en situaciones de vulnerabilidad. Desde mis comienzos en la gestión de centros residenciales para personas mayores y la gerencia de organizaciones patronales del sector, conjugando todo esto con un trabajo paralelo como consultor e interim manager, hasta llegar a mi actual responsabilidad en la Fundación Camilo de Lellis, he podido conocer distintas realidades y encontrarme ante situaciones muy diversas y complejas que me han hecho comprender que la gestión tiene siempre una dimensión humana.
Ahora bien, no debemos olvidar la dimensión económico-financiera, esta también debe ser relevante en una organización dedicada al cuidado. Necesitamos planificar, administrar bien los recursos, ser lo más eficientes posibles, y tomar decisiones que garanticen la viabilidad del proyecto.
Una entidad que no es sostenible difícilmente podrá mantener la calidad de sus servicios, a la vez que cuidar adecuadamente a sus profesionales. Por eso entiendo la sostenibilidad como una responsabilidad ética: debemos ser capaces de cuidar hoy y de seguir cuidando mañana.
En la Fundación Camilo de Lellis, esta responsabilidad se expresa en nuestra misión de conjugar competencia y humanidad. No basta con tener una sensibilidad especial hacia las personas; necesitamos traducirla en una organización bien gestionada, profesional, y comprometida con la mejora continua de la calidad asistencial.
En definitiva, dirigir una organización que cuida es procurar que las decisiones económicas, organizativas y humanas estén siempre al servicio de las personas y de la continuidad de la misión.
Hablamos con frecuencia de poner a la persona en el centro. ¿Qué tiene que ocurrir dentro de una organización para que ese principio se traduzca realmente en la atención cotidiana?
Entender que poner a la persona en el centro no puede quedarse en una simple declaración de principios. Este modelo de atención se consigue a través de una transformación cultural de toda la organización.
Se debe aceptar y reconocer que cada persona tiene una historia, unas preferencias, unos valores, y una manera propia de entender la vida. La dependencia o la enfermedad no eliminan esa singularidad ni el derecho a participar en las decisiones que le afectan.
Este marco conceptual parte del reconocimiento de que cada persona posee un valor intrínseco e inalienable, independiente de sus capacidades o circunstancias, que la organización debe respetar y promover activamente. Nuestro deber es adaptar la atención a la persona, no esperar que la persona se adapte a nosotros.
Debe existir la voluntad de recorrer un camino diferente. El objetivo será construir una organización que coloque la dignidad humana en el centro de todas sus decisiones y que trabaje por el florecimiento de cada persona.
La calidad, la planificación y la eficiencia son necesarias para el buen funcionamiento de los servicios. ¿Cómo se consigue que estas exigencias estén siempre al servicio de las personas?
La clave es tener siempre presente y en todo momento, que la gestión, la planificación, y la mejora continua, en busca de la excelencia, son medios para cumplir nuestra misión, no fines en sí mismos. Sin visión, no hay misión.
Mi experiencia me reafirma en la importancia de trabajar con método, y de evaluar de manera continua y rigurosa lo que hacemos. Los indicadores nos ayudan a conocer de manera objetiva la realidad, a detectar posibles errores, a aflorar problemas, y a partir de ahí poder tomar decisiones fundamentadas. Pero también debemos preguntarnos qué nos dicen y qué aspectos de la experiencia humana necesitamos comprender mejor.
La calidad no puede reducirse al cumplimiento de procedimientos, protocolos, registros, y mucho menos a la obtención de una certificación. Debe reflejarse en la seguridad, la dignidad, la autonomía, la satisfacción y el bienestar de las personas atendidas. Para ello, necesitamos combinar los datos obtenidos, con la escucha de las personas mayores, las Congregaciones Religiosas y de los profesionales.
Ninguna organización debería conformarse con pensar que ya hace las cosas suficientemente bien. Siempre podemos aprender y encontrar formas mejores de cuidar. Este mantra tiene que formar parte de su cultura, de la manera en que analizamos las dificultades, compartimos conocimientos y buscamos soluciones.
Se habla mucho de cuidar a quienes cuidan. ¿Qué papel tiene el liderazgo en la creación de entornos de trabajo en los que los profesionales puedan desarrollar su labor con humanidad y competencia?
Creo que es una de las grandes responsabilidades de quienes dirigimos organizaciones dedicadas al cuidado. Digo más, considero que debe ser una prioridad estratégica. No podemos pedir a los profesionales que cuiden con humanidad si no construimos entornos en los que ellos también se sientan respetados, escuchados y acompañados.
Los profesionales necesitan formación, recursos y también condiciones de trabajo dignas. Pero también necesitan confiar en sus dirigentes, comprender el sentido de su trabajo y sentir que su criterio cuenta. Cuidar a quienes cuidan no puede quedarse en un discurso sobre motivación; requiere decisiones concretas sobre la organización del trabajo, la prevención, y el reconocimiento profesional.
Mi manera de entender el liderazgo se basa en la confianza, la participación y la responsabilidad compartida. Creo en organizaciones lo más planas posibles, con responsabilidades claras, autonomía y cierto nivel de autogestión.
Las personas que están en primera línea tienen conocimientos y experiencias que la organización necesita aprovechar. Cuando escuchamos sus propuestas, facilitamos la comunicación y les damos capacidad para participar en las mejoras, construimos organizaciones más comprometidas y capaces de aprender.
Además, esta manera de liderar conecta con la idea de comunidad sanadora que forma parte de la identidad de la Fundación. El cuidado no depende únicamente de la relación entre un profesional y una persona atendida; también depende de las relaciones entre los propios profesionales y de la cultura que construimos como organización. Pensar juntos. Decidir mejor. Dirigir con humanidad.
La Fundación trabaja con distintas congregaciones, cada una con su propia historia y realidad. ¿Cómo se construye un proyecto compartido sin perder de vista las necesidades particulares de cada una?
La Fundación Camilo de Lellis nace del carisma y del ministerio de los Religiosos Camilos, pero desarrolla una parte importante de su actividad en colaboración con otras congregaciones, cada una con su historia, su identidad y su propio carisma. Nuestra responsabilidad es ayudar a construir un proyecto común que respete esa diversidad y garantice, al mismo tiempo, esa atención profesional, humana y de calidad a la que nos referíamos anteriormente.
Para conseguirlo, como punto de partida necesitamos unos principios compartidos: los derechos y la dignidad de las personas atendidas, su atención integral y holística, su autonomía, la corresponsabilidad en las decisiones, y el cumplimiento de la legalidad. Desde una misión compartida, este marco común nos permite trabajar con coherencia, con el máximo respeto, y reconociendo el valor de cada persona atendida. Independiente de sus capacidades o circunstancias.
Mi experiencia acompañando a instituciones religiosas en procesos de cambio importantes, de planificación futura, análisis de sostenibilidad y mejora organizativa de sus diferentes proyectos, me ha enseñado que no existen soluciones universales. Antes de proponer cambios, debemos conocer cada realidad, escuchar a quienes la integran y comprender tanto sus debilidades como sus fortalezas.
Por eso considero esencial trabajar desde la colaboración, el diálogo y la máxima confianza. La organización que cuida debe aportar conocimiento, facilitar recursos, coordinar esfuerzos y ayudar a encontrar soluciones, pero también debe dar espacio a la participación de las congregaciones.
En definitiva, nuestro reto es construir una unidad que no anule las diferencias, sino que las respete y las ponga al servicio de las personas atendidas. Una unidad que permita mantener la identidad de cada congregación y, al mismo tiempo, fortalecer un proyecto común, sostenible y fiel a su misión.
Si tuvieras que señalar un aspecto que una organización dedicada al cuidado nunca debería perder de vista, ¿cuál sería?
Diría que nunca debería perder de vista la dignidad de las personas, unido al sentido de su misión. Su modelo de liderazgo y gestión debería colocarla en el centro de todas las decisiones, e integrar sus valores en la estrategia y cultura organizacional.
El reto no consiste únicamente en formular este propósito, si no conseguir que ese propósito influya de manera real en cómo se dirige, se decide y en cómo se desarrollan sus servicios.
Para finalizar y de forma resumida, diría que una organización dedicada al cuidado de las personas debería mantener siempre unidas estas tres variables: humanidad, competencia y responsabilidad. La humanidad nos recuerda para quién trabajamos; la competencia nos exige hacer bien nuestro trabajo; y la responsabilidad nos obliga a garantizar que podemos seguir haciéndolo



