La mirada del cuidado, con Guillermina González Alonso

La Fundación Camilo de Lellis celebra la festividad de San Camilo 
14 julio, 2026
Reunión del Comité de Dirección de la Fundación
17 septiembre, 2026
La Fundación Camilo de Lellis celebra la festividad de San Camilo 
14 julio, 2026
Reunión del Comité de Dirección de la Fundación
17 septiembre, 2026

Conversaciones sobre atención holística, acompañamiento y dignidad en la atención.

Guillermina González Alonso es licenciada en Derecho y postgrado en Gestión de Centros, actualmente cursando un Máster en Recursos Humanos, cuenta con más de 25 años de experiencia profesional, gran parte de ella vinculada al ámbito sociosanitario y a la gestión de centros de instituciones de Congregaciones religiosas. Actualmente es Directora de Relaciones Institucionales y Subdirectora General de la Fundación Camilo de Lellis, donde desarrolla funciones de dirección, planificación estratégica y representación institucional.

1. Desde su responsabilidad en relaciones institucionales, ¿cómo se construyen alianzas que realmente contribuyan a mejorar la calidad del cuidado?

Desde mi experiencia, las alianzas que realmente transforman nacen de una visión compartida y, sobre todo, de la confianza. En la Fundación Camilo de Lellis entendemos que colaborar no es simplemente sumar recursos, sino compartir conocimiento, experiencia y responsabilidad.

Para que una alianza tenga verdadero impacto, debe partir de las necesidades reales de las personas a las que cuidamos y traducirse en objetivos concretos, compromiso a largo plazo y una comunicación fluida.

En nuestro caso, esto supone trabajar muy de cerca con las Congregaciones religiosas, entendiendo la realidad y las necesidades de cada una y buscando, junto a ellas, las mejores respuestas.

Desde Relaciones Institucionales, nuestra función es precisamente generar esos puentes y poner en común capacidades diversas.

Cuando las Congregaciones dejan de trabajar de forma aislada y avanzamos juntos, con la persona en el centro, la colaboración se convierte en una verdadera herramienta de transformación.

2. ¿Qué papel tienen las instituciones públicas en promover una atención más humana y centrada en la persona?

Las instituciones públicas tienen un papel esencial, porque tienen la capacidad de impulsar una verdadera cultura del cuidado que vaya más allá de los recursos y los procedimientos.

Cuidar no significa únicamente atender necesidades físicas; significa también acompañar, escuchar y respetar la historia, las preferencias y las decisiones de cada persona.

Para avanzar en esta dirección necesitamos marcos normativos adecuados, recursos suficientes y profesionales preparados para trabajar desde una mirada más humana.

Pero también creo que es fundamental que las administraciones escuchen a quienes están cada día junto a las personas cuidadas y conocen de primera mano sus necesidades y su realidad.

La colaboración público-social es imprescindible para construir un sistema más humano, cercano y sostenible.

Humanizar el cuidado es una responsabilidad compartida, pero las instituciones públicas tienen una capacidad decisiva para hacer que ese modelo sea posible.

3. En iniciativas como “La mirada del cuidado”, ¿qué valor aporta la colaboración entre entidades sociales, sanitarias y educativas?

Creo que aporta algo que ninguna entidad podría conseguir por sí sola: una mirada mucho más completa sobre el cuidado.

Cada ámbito aporta una perspectiva diferente y necesaria: lo social nos ayuda a comprender a la persona en su entorno; lo sanitario aporta conocimiento y experiencia clínica; y lo educativo nos permite generar cultura y preparar a quienes cuidarán mañana.

Cuando estas miradas dialogan, el cuidado deja de entenderse únicamente como una cuestión asistencial y pasa a contemplarse desde una perspectiva más integral.

Iniciativas como La Mirada del Cuidado nos permiten encontrarnos, compartir experiencias y aprender unos de otros.

Y algo que considero especialmente importante: nos ayudan a visibilizar buenas prácticas y a generar una conversación social sobre cómo queremos cuidar.

Porque colaborar hoy también significa contribuir a construir el modelo de cuidado que necesitaremos mañana.

4. ¿Cómo se traduce en acciones concretas el compromiso institucional con la humanización?

Para mí, el compromiso con la humanización tiene que poder reconocerse en la vida cotidiana, no quedarse únicamente en una declaración de principios.

En nuestro caso, significa cuidar respetando la historia, las preferencias, los ritmos y la dignidad de cada religioso mayor. Significa acompañar, escuchar y favorecer que cada persona siga teniendo capacidad de decisión sobre aquello que afecta a su vida.

Pero humanizar también significa cuidar a quienes cuidan, apoyar a las comunidades y ofrecer a los profesionales las herramientas y la formación necesarias para desarrollar su trabajo con esta mirada.

Desde la Fundación apostamos por generar espacios de diálogo, formación y colaboración que permitan llevar estos principios a la práctica.

Al final, humanizar no es añadir una actividad más al modelo de atención. Es revisar cómo hacemos cada cosa y preguntarnos si realmente estamos poniendo a la persona en el centro.

5. ¿Qué dificultades encuentra a la hora de alinear distintas organizaciones en torno a un mismo enfoque de cuidado?

La principal dificultad es que cada organización, y en nuestro caso cada Congregación, parte de una realidad, unas prioridades y una cultura propias.

A veces utilizamos las mismas palabras —cuidado, atención, humanización—, pero no siempre significan exactamente lo mismo para todos.

También existen diferentes ritmos de trabajo, recursos disponibles y formas de tomar decisiones.

Por eso, creo que antes de buscar acuerdos es necesario generar espacios para escucharnos, conocernos y comprendernos.

La clave está en encontrar aquello que compartimos y construir desde ahí, sin pretender que todas las organizaciones funcionen de la misma manera.

Cuando conseguimos poner por delante la dignidad y el bienestar de la persona, muchas diferencias dejan de ser obstáculos y se convierten en oportunidades para complementarnos.

6. Mirando al futuro, ¿qué cambios estructurales serían necesarios para que el cuidado humanizado deje de ser un objetivo y pase a ser la norma?

Creo que el primer cambio es dejar de considerar la humanización como un valor añadido e incorporarla como un criterio básico de cualquier modelo de cuidado.

Eso exige políticas públicas estables, recursos adecuados y profesionales suficientemente formados, reconocidos y cuidados.

También necesitamos medir la calidad no solo a través de indicadores asistenciales, sino teniendo en cuenta aspectos como la autonomía, el bienestar, la participación y la satisfacción de las personas cuidadas.

Y, sobre todo, debemos escuchar más a las propias personas mayores y a quienes las acompañan cada día.

El cuidado humanizado necesita tiempo, estabilidad y relaciones de confianza; no puede construirse únicamente desde protocolos.

El verdadero cambio llegará cuando entendamos que la calidad del cuidado y la calidad humana del cuidado no son dos cosas diferentes: son, en realidad, una misma cosa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies